lunes, 8 de noviembre de 2010

LA MÁQUINA DEL TIEMPO


Este fin de semana me sorprendí al averiguar que finalmente la Humanidad había conseguido alcanzar uno de sus más preciados sueños: el viaje en el tiempo. Sí, sí, tal como lo digo: han debido encontrar la manera de viajar en el tiempo y... ¡¡no me había enterado!! ¿Y vosotros? Mirad, yo no presumo de ver los informativos a diario, ni de leer la prensa del día, pero creo que un descubrimiento como este hubiese sido imposible ocultarlo, ¿no?

Pues sí, me levanto el sábado por la mañana. Sigo esa triste rutina del desayuno y compra semanal. Ordeno la compra en mi chiqui-cocina. Enciendo el televisor y cuando llegó al segundo canal, ahí estaba el salto:

 
¡Oh! Unos príncipes con un Papa......

Creyendo que era la burla de algún gracioso cambié el canal y seguí el día felizmente. Pero no acabó ahí. Domingo por la mañana. Cafelito con leche, bizcocho de chocolate, la compañía de la televisión y...¡zas! ¡¡Estaba en la Edad Media!!


El rey, la reina... ¡y un Papa!

En fin, que nada cambia. Que no importa que evolucionemos. Ni Derechos Humanos, ni igualdad entre hombres, mujeres, razas, ni que viajemos a la Luna. Parece que este fin de semana el tiempo se paró de nuevo en el medievo, en mitad de un ciclón de reverencias, postraciones y besos varios (ciñéndome al jueguito, no juzgaré yo cuáles son los de Judas).

No me estraña que este caballero, ataviado con una cruz y unos anillos que podrían salvar del hambre a miles de personas, en ocasiones se esconda. La vergüenza seguro que es MAYÚSCULA.


Debe ser lo que el otro día el amigo Buenafuente sugirió en su programa. Seguro que no se han enterado de que llevar ropa llamativa, de colores chillones, con sombreros estrafalarios y faldas ya ha pasado de moda y ya no es esto:


SI NO MÁS BIEN ESTO...


Fiesta del Orgullo. del que sea, no importa de quien.

Salvia Deserta, riendo un rato.


viernes, 29 de octubre de 2010

HIPOCRESÍA ESTADOUNIDENSE

Resulta difícil reconocer culpabilidad, pero quizá España debería buscar en su conciencia los crímenes cometidos en América y Asia. Quizá todos deberíamos realizar un acto de "contricción" antes de señalar con el dedo como lo hacen los EE.UU. Al fin y al cabo, todos participaron del comercio de esclavos indígenas y afroamericanos.

Los siguientes fragmentos de texto son un ejemplo de lo que los países "desarrollados" (permítanme que sonría ante esta expresión), son capaces de hacer para eludir culpas y para obtener beneficios de las de los demás. ¿Hipocresía? Yo casi le llamaría, DESFACHATEZ.


[...]Resulta más fácil deplorar los crímenes cometidos por otros que mirarnos a nosotros mismos. No obstante, también es cierto que, su pusiéramos en ello nuestra voluntad, la experiencia nazi nos podría enseñar muchas cosas sobre nosotros mismo. El Destino Manifiesto fue un anticipo de casi todos los elementos ideológicos y programáticos de la política del Lehensraum, o espacio vital, hitleriana. De hecho, Hitler se inspiró para su conquista del Este en la conquista del Oeste realizada por los estadounidenses. Durante la primera mitad de este siglo, la mayoría de los estados de EE.UU promulgaron leyes de estelirización y decenas de miles de estadounidenses fueron esterilizados a la fuerza. Los nazis invocaron explícitamente el precedente estadounidense cuando promulgaron sus propias leyes de esterilización. Las tristemente célebres Leyes de Núremberg de 1935 privaron a los judíos del derecho de voto y prohibieron el mestizaje entre judíos y no judíos Los negros de los estados del Sur sufrieron el mismo tipo de inferioridad ante la ley y, además, fueron objeto de muchos más actos de violencia popular espontánea y sancionada que los judíos de la Alemania de preguerra. [...]

[...] Los crímenes de los enemigos oficiales de EE.UU, tales como el baño de sangre provocado por jemeres rojos en Camboya, la invasión soviética de Afganistán, la invasión iraquí de Kuwait o la limpieza étnica relizada por los serbios en Kosovo, despiertan la memoria del Holocausto; no así los crímenes que cuentan con la complicidad de EE.UU.

Mientras los jemeres rojos cometían atrocidades en Camboya, el Gobierno indonesio, que contaba con el respaldo de EE.UU, asesinaba a un tercio de población de Timor Oriental. Pero, a diferencia de Camboya, el genocido de Timor Oriental no daba la talla para ser comparado con el Holocausto; ni siquiera daba la talla para aparecer en los periódicos. A la vez que la Unión Soviética cometía en Afganistán lo que el Centro Simon Wiesenthal denominó "otro genocidio", el régimen de Guatemala, respaldado por EE.UU, perpetraba lo que la Comisión de la Verdad guatemalteca ha denominado recientemiente un "genocidio" de la población indígena maya. El presidente Reagan restó importancia a los cargos contra el Gobierno guatemalteco diciendo que eran "falsas acusaciones".[...] La Administración Carter invocó el recuerdo del Holocausto cuando buscaba asilo para los vietnamitas que huían en barco del régimen comunista. La Administración Clinton se olvidó del Holocausto cuando obligó a dar media vuelta a los haitianos que huían por mar de los escuadrones de la muerte patrocinados por EE.UU[...]

[...]Una piedra de toque de maldad no impide establecer comparaciones a quienes están comprometidos con la mejora de la raza humana, sino más bien todo lo contrario.[...]

FINKELSTEIN, Norman. "La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío". Siglo XXI de España Editores, S.A., Madrid, 2002.

Salvia Deserta recomienda, leánlo.

viernes, 22 de octubre de 2010

LA HISTORIA HOY

 En primer lugar, propongo la búsqueda de las definiciones de ciencia en un diccionario, entre las que encontramos:

Ciencia: Saber o erudición. Conjunto de conocimientos de cualquier cosa.

Exacto, la “ciencia” no existió como lo entendemos hoy en día hasta que surgió la especialización. Pero, esto plantea otra pregunta, ¿seguro que fue la especialización la que dividió el conocimiento? La especialización fue una imposición, otra trampa. La división del conocimiento fue un hecho premeditado a sabiendas de que el conocimiento es en sí mismo un arma. Cuanto más fraccionado esté más difícil será crear consensos; cuanto más promocionados sean unos u otros más rivalidad existirá y, por tanto, cuanto más tiempo se pierda en esa rivalidad menos se obstaculizarán los intereses de los poderosos.

Por otro lado, aceptando la fragmentación existente, hay que tener en cuenta otro factor. Tal como defendía Fevre, todo es Historia. No hay ninguna ciencia que no posea Historia, ni siquiera el resto de las humanas como filosofía o antropología. Todo posee su propia Historia. Por tanto, ¿cómo llamar un estudio que abarca todos los aspectos de la Humanidad? ¿Al estilo marxista emulando la palabra superestructura con “superciencia” quizá? Y además, si la Historia usa elementos de otras disciplinas ¿podemos considerarla fuera de la catalogación de “ciencia”?.


La Historia es un camino, una guía de acontecimientos que proporciona un mapa de comportamientos, opciones del pasado (algunas ignoradas, tal como defiende Josep Fontana), que puede llegar a configurar nuevos caminos. Ahora bien, para determinar qué es Historia y cuál es su utilidad, vamos ha continuar con el símil del mapa.

Veamos la Historia como la totalidad de un mapa de carreteras típico en nuestros desplazamientos. Dicho mapa está lleno de miles de carreteras de diversos tipos (léase procesos históricos): autopistas, autovías, carreteras nacionales, comarcales, locales, pistas forestales, etc. Todas esas vías nos aproximan o llevan a diferentes localidades (léase hechos, individuos, villas, etc).

El hombre como ser racional, piensa, y en su pensamiento puede elegir diferentes caminos. Puede optar por las carreteras estatales, las que “cuidan” y mantienen las autoridades, o bien por caminos alternativos que el propio individuo confecciona al margen de las autoridades. Todos hemos ido alguna vez al campo y hemos comprobado la cantidad de senderos existentes que nos llevan a lugares desconocidos, o bien configuran una red de caminos alternativos para llegar a lugares dónde las carreteras oficiales también llegan. El trabajo del historiador reside en la confección de ese “mapa histórico”, en dibujar los caminos tomados por la Humanidad, los usados, los abandonados, los alternativos, los posibles, para así conocer las diferentes realidades pasadas, las presentes y colaborar en la confección de las futuras, ya que conocerlos no lleva implícita la previsibilidad. De la misma manera que la naturaleza puede alterar nuestros viajes mediante crecidas de ríos, tormentas, nevadas o terremotos, los procesos históricos están sometidos a miles de imprevistos.

Obviamente hay que tener en cuenta los imprevistos pero es ahí donde entran en juego esas otras ciencias hermanas como la antropología, la etnografía, la filosofía, la sociología. Hay que tener en cuenta que no ocurre nada por unir el conocimiento de nuevo, aunque sea mediante personas especializadas en lo concreto, del mismo modo que en la confección de un mapa de carreteras colaboran geógrafos, ingenieros, licenciados de turismo.

El hombre ha ideado diferentes caminos a recorrer. En momentos como los actuales, es a ellos a quien hay que observar, incluso más, hay que escuchar, para dejar de usar carreteras que no nos llevan a ninguna parte, aquéllas que por otro lado, nos guste o no, son marcadas por unos pocos. Hay que contar la imaginación del hombre, con que la creatividad es parte inherente en él, y, por tanto, capaz de corregir errores.

¿Qué es útil la Historia? Categóricamente, sí. El problema actual viene en como transmitir ese conocimiento de modo que sea útil para todos.

En momentos como en los que vivimos hoy en día, la Historia, unida a otras ciencias, debería poder ofrecer herramientas de trabajo para poder crear un cambio de consciencia y de actuación. El problema radica en el modo en como se vende el “mapa”. Pocas ciencias como las humanas están tan subyugadas al poder. Los historiadores entonaron el mea culpa cuando vieron como se había tergiversado el conocimiento histórico a merced del sueldo y prestigio ofrecido por los Estados. Pero ¿ha cambiado en la actualidad? La Historia que se explica a diario en las escuelas sigue estando determinada por ciertos poderes que deciden qué debe ser explicado y qué no.

Pongamos el ejemplo de Palestina ¿puede haber un uso más manipulado de la Historia? Se usa la Historia (o libros históricos “sagrados”) para justificar la invasión israelí. Pero no son los palestinos las únicas víctimas, sino que también lo es la propia sociedad israelí. Basta con una simple prueba: conectarse a la página web de la Universidad de Historia de Tel-Aviv. Allí veremos cómo la versión que se enseña a la sociedad israelí respecto a la ocupación y la limpieza étnica no tiene nada que ver con la realidad. Y no hace falta ir tan lejos. En nuestro país existen como mínimo dos versiones de la Historia: la que oculta los pactos de la transición con unos dirigentes que apoyaban la dictadura, el papel de Cataluña en España, en definitiva, la continuación de la división social de la que todavía no se ha recuperado España tras la Guerra Civil.

Y no hablemos del eurocentrismo. Continuamente se dan clases a alumnos que sólo conocen una realidad, la europea. Y no sólo eso sino que sólo la conocen desde la versión “oficial” o desde la deseada por los estados.

¿Hablamos también de las Universidades? Pues sí, también ellas deben encajar su culpa. No se pone en duda el gran trabajo de investigación que se elabora en ellas, sino que siendo garante de la libertad sea todavía en la actualidad lacaya del poder.

Se debería impartir Historia desde la visión poliédrica, no desde una única visión. Sólo así servirá de algo, exteriorizando el conocimiento académico a la sociedad mediante una enseñanza honesta. Mientras las ciencias humanas no sean libres no será posible que el papel del historiador en la sociedad sea escuchado. La Historia ha de usar las herramientas necesarias para transmitirse a una sociedad dormida. Es aquí donde toma una importancia relevante la narrativa. Posiblemente, en la construcción narrativa, se aportan varios elementos que dotan de subjetividad a nuestros estudios, pero es un mal menor. Con ello se quiere decir que los historiadores deben usar el mismo lenguaje que la población para llegar a ella. Debe ser entendida absolutamente por todos. Quizá lleve más trabajo, quizá se deberían usar los dos tipos de lenguaje: el técnico y totalmente riguroso y el llano bajo el mismo rigor mediante la narrativa.

Utilizar los medios necesarios para que por fin la función del historiador sea una función social no es una idea equivocada si se hace de manera meditada y moderada. Como hemos comentado anteriormente, la Historia se ha nutrido de herramientas de otras ciencias. Pruebas como la C14, las ecografías usadas en arqueología, o bien la estadística, por ejemplo. Pero las grandes herramientas del momento deberían ser los medios, entendidos como parte del lenguaje social: literatura, cine, televisión, cien, etc., elementos que forman parte de la sociedad y que son consumidos a diario e incluso aceptados como portadores de “verdades”. Últimamente hay más participación de historiadores en debates e informativos televisivos, y no sólo eso, sino que incluso se han creado programas específicos de arqueología o documentales. Ya es un gran paso, si no fuese porque suelen ser programas con horario intempestivo, pero poco a poco van logrando su propio hueco. Con todo esto, no es necesario renunciar a la seriedad participando en el mero espectáculo, hay que usar el lenguaje televisivo con rigor para transmitir el conocimiento.

Como defendía Marc Bloch, los historiadores tienen un compromiso social y deben intentar cumplirlo. Deben revisar constantemente sus herramientas de trabajo y actualizarlas de la misma manera que lo hacen todas las otras ciencias. En estos procesos siempre se cometen errores, pero es posible subsanarlos a base de la experiencia y la voluntad de trabajo. Hay que avanzar con al mismo paso que el hombre sin querer adelantarle, sin voluntad de profecía, sino de acompañamiento.

Hay que entender que el historiador no es sólo un arqueólogo que busca objetos “Sota Terra” (usando el nombre del nuevo programa de TV3), ni tampoco es sólo un forense de los hechos. Va más allá de la pura erudición personal de la que hasta hace poco presumía el sector de las Humanidades. Por lo tanto, debe ofrecer el “mapa” que elabora para conocer los caminos recorridos, abandonar los obsoletos y crear nuevos trayectos, que a su vez pueden ser rectificados, borrados y reinventados hasta hacerlos más seguros e igualitarios para todos.

Salvia Deserta, pensando.

jueves, 21 de octubre de 2010

¿IDENTIDAD NACIONAL?

Vivimos en un mundo globalizado gracias, sobre todo, a las nuevas tecnologías. Internet destaca como herramienta para la “libre” circulación de información así como de capitales. Estos factores han hecho que el mundo de hoy sea más pequeño con respecto al de ayer al haber desaparecido cientos de fronteras al ritmo de un click. Pero también a su vez, el mundo se ha hecho mucho más grande ya que en él está incluido cada vez más millones de personas que usas estas herramientas de comunicación.

El tránsito de personas que fluyen de un país a otro incluso a diferentes continentes ha configurado un nuevo crisol cultural. Por tanto ¿tiene sentido en un país donde decenas de culturas ajenas y propias conviven siga existiendo la llamada “identidad nacional”?

El mito de la ciudad-estado ha muerto. Ya no es posible encontrar ciudades semejantes a las de la Antigüedad. Si a esto le sumamos que la “invención” de los Estados  fue un acto premeditado en base a una cultura y una lengua común perteneciente únicamente a la clase dirigente y no a la población del territorio ¿qué cabida tiene hoy en todos los lugares donde se conviven con distintas nacionalidades? ¿A caso no está muriendo también este concepto?

No seremos nosotros quiénes lo veamos, pero habrá un momento en que se tendrá que debatir sobre ello. La época en que se fraguó una Europa en la que las diferencias marcaban la nacionalidad, digamos, que directamente pasó “de moda”. Pensemos que, además, esta configuración europea se realizó de una manera forzada. Por ejemplo, en Francia se impuso la lengua francesa para crear esa sensación de unión nacional a una población que mayoritariamente ni hablaba ni entendía el francés. Así pues a día de hoy ya no tiene sentido la búsqueda de homogeneidad bajo el proyecto de una identidad nacional.

Algunos leerán estas palabras pensando que debo haber perdido el juicio, pero esas mismas personas son las que en algún momento vivirán en una sociedad de mayor tolerancia, tiempo al tiempo. Hoy por hoy, se enmascaran los problemas financieros tras las diferentes capas desfavorecidas de la sociedad: los obreros, los ancianos, los enfermos y, como no, los emigrantes. Nadie quiere responsabilizarse de la crisis actual y mirar cara a cara a ciertos “ladrones”. Solución fácil: tirar balones fuera, es decir, reformas laborales, congelación de salarios, congelación de pensiones, obstaculizar la residencia del emigrante, etc. En definitiva, cortinas de humo para una sociedad autóctona furiosa, carnaza para la fiera. Como vemos, el fundamentalista no siempre es “el otro”.

Estos días se habla del caso alemán, por ejemplo. Del anuncio de Ángela Merkel de que el proyecto multiculural de Alemania ha fracasado. Los periódicos y noticiarios van llenos de ello sin mencionar lugares donde sí ha triunfado. Pero ¿hubo alguna vez proyecto multicultural alemán? Ningún medio menciona que Alemania jamás realizó una política de integración, ni tan siquiera en referencia a la lengua. ¿Cómo exigir integración o adaptación cuando la idea de fondo es que se requiere que sean inadaptados para recharzarlos cuando convenga? De nuevo, carnaza para la fiera.

Falacias, engaños, sopa boba para un pueblo que ve como se le recortan derechos y reclama culpables. Que mejor culpable que “el otro”, o mejor dicho, qué fácil señalarle.

Los Estados se escudan tras una identidad nacional que se diluyó con la globalización, que se ya difuminó con la Unión Europea; una identidad que olvidó en pos de la mezcla de culturas y con la defensa de la convivencia. Estados que a conveniencia borran todo ello para retomar viejas ideas que sólo funcionaron en base al sometimiento de los propios y los ajenos. Europa está vieja y cansada, sí señor, muy vieja, y como los ancianos es reticente a los cambios, pero hay una esperanza: los jóvenes. Ya no hay ciegos, excepto el que no quiera ver, es la ventaja de la difusión del conocimiento y la opinión.

Salvia Deserta, de mi gente.

miércoles, 20 de octubre de 2010

INGENUIDAD HUMANITARIA

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a unas jornadas en las que la buena voluntad y la ingenuidad asomaban tras la intervención de la mayoría de los ponentes. Miembros de diferentes organizaciones exponían su visión sobre lo que significaba la mágica palabra “codesarrollo” basándose en que la emigración debía ser aprovechada para crear un flujo bidireccional de conocimientos y experiencias que podían reforzar tanto las sociedades emisoras  como las receptoras. En definitiva, que ambas sociedades ejercieran como factor de desarrollo en ambas direcciones.

Tras la buena voluntad de las organizaciones se elegían como grandes gigantes las Instituciones oficiales. Las intervenciones realizadas por sus miembros tenían matices completamente diferentes al de las realizadas por las organizaciones activas. Mientras que la buena intención de los que intentan llevar a la práctica el codesarrollo estaba basada en un intercambio, sobre todo en horizontal, hacia la búsqueda de un igual y no bajo las diferencias norte-sur, la voluntad oficial estaba plagada de palabras ciertamente peligrosas. Tras “intercambio”, “madurez”, “solidaridad” se escondían frases como que el codesarrollo era una “forma de proyectar nuestros municipios en las sociedades de otros países” o “cooperación como acto de responsabilidad internacional”. A buen entendedor pocas palabras bastan.  No hace falta leerlas dos veces para intuir como estas instituciones aprovechan el discurso y el buen fondo de ciertas acciones para llevar a cabo una nueva forma de, salvando las diferencias, “neocolonialismo”.  ¿Sorprendente? En el primer momento sí, pero madurando un poco la idea, no podía ser de otra manera. Ya no es extraño que los discursos políticos estén llenos de falacias, que ya no exista ni el respeto por conceptos como “solidaridad” o “cooperación”.

Posiblemente exista otra razón para que ahora tengan interés de apoyar estas iniciativas. Hasta ahora hablaban de colaborar con los miembros que día a día llegan a nuestra sociedad, ya que también les podía servir como un método de control del flujo migratorio. Pero el fenómeno migratorio está cambiando. Ahora también emigran los “nuestros”. La crisis financiera causada por magnates sin escrúpulos, está forzando a muchos individuos a volver a su país,  pero además,  los autóctonos se ven empujados a abandonar su tierra en búsqueda de sustento para sus familias. Aquí es donde vienen los intereses de los políticos y la ingenuidad ciudadana, sólo hay que entreabrir la puerta para ver lo que hay dentro: nuevas empresas en otros países, nuevos capitales, envío de dinero, nuevos dominios. Miedo dan.

Salvia Deserta, levantando polvo.