Resulta difícil reconocer culpabilidad, pero quizá España debería buscar en su conciencia los crímenes cometidos en América y Asia. Quizá todos deberíamos realizar un acto de "contricción" antes de señalar con el dedo como lo hacen los EE.UU. Al fin y al cabo, todos participaron del comercio de esclavos indígenas y afroamericanos.
Los siguientes fragmentos de texto son un ejemplo de lo que los países "desarrollados" (permítanme que sonría ante esta expresión), son capaces de hacer para eludir culpas y para obtener beneficios de las de los demás. ¿Hipocresía? Yo casi le llamaría, DESFACHATEZ.
[...]Resulta más fácil deplorar los crímenes cometidos por otros que mirarnos a nosotros mismos. No obstante, también es cierto que, su pusiéramos en ello nuestra voluntad, la experiencia nazi nos podría enseñar muchas cosas sobre nosotros mismo. El Destino Manifiesto fue un anticipo de casi todos los elementos ideológicos y programáticos de la política del Lehensraum, o espacio vital, hitleriana. De hecho, Hitler se inspiró para su conquista del Este en la conquista del Oeste realizada por los estadounidenses. Durante la primera mitad de este siglo, la mayoría de los estados de EE.UU promulgaron leyes de estelirización y decenas de miles de estadounidenses fueron esterilizados a la fuerza. Los nazis invocaron explícitamente el precedente estadounidense cuando promulgaron sus propias leyes de esterilización. Las tristemente célebres Leyes de Núremberg de 1935 privaron a los judíos del derecho de voto y prohibieron el mestizaje entre judíos y no judíos Los negros de los estados del Sur sufrieron el mismo tipo de inferioridad ante la ley y, además, fueron objeto de muchos más actos de violencia popular espontánea y sancionada que los judíos de la Alemania de preguerra. [...]
[...] Los crímenes de los enemigos oficiales de EE.UU, tales como el baño de sangre provocado por jemeres rojos en Camboya, la invasión soviética de Afganistán, la invasión iraquí de Kuwait o la limpieza étnica relizada por los serbios en Kosovo, despiertan la memoria del Holocausto; no así los crímenes que cuentan con la complicidad de EE.UU.
Mientras los jemeres rojos cometían atrocidades en Camboya, el Gobierno indonesio, que contaba con el respaldo de EE.UU, asesinaba a un tercio de población de Timor Oriental. Pero, a diferencia de Camboya, el genocido de Timor Oriental no daba la talla para ser comparado con el Holocausto; ni siquiera daba la talla para aparecer en los periódicos. A la vez que la Unión Soviética cometía en Afganistán lo que el Centro Simon Wiesenthal denominó "otro genocidio", el régimen de Guatemala, respaldado por EE.UU, perpetraba lo que la Comisión de la Verdad guatemalteca ha denominado recientemiente un "genocidio" de la población indígena maya. El presidente Reagan restó importancia a los cargos contra el Gobierno guatemalteco diciendo que eran "falsas acusaciones".[...] La Administración Carter invocó el recuerdo del Holocausto cuando buscaba asilo para los vietnamitas que huían en barco del régimen comunista. La Administración Clinton se olvidó del Holocausto cuando obligó a dar media vuelta a los haitianos que huían por mar de los escuadrones de la muerte patrocinados por EE.UU[...]
[...]Una piedra de toque de maldad no impide establecer comparaciones a quienes están comprometidos con la mejora de la raza humana, sino más bien todo lo contrario.[...]
FINKELSTEIN, Norman. "La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío". Siglo XXI de España Editores, S.A., Madrid, 2002.
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